Siguiendo los pasos de Samuel Fritz, entre geografía, mitos y memoria amazónica
Samuel Fritz, navegante y cartógrafo
Cuando el misionero jesuita de origen checo Samuel Fritz (1651-1725) navegó por las aguas del gran río a finales del siglo XVII, registró en “ El Gran Río Marañón o del Amazonas” mucho más que un simple trazo cartográfico.
Deja una obra rara: un testimonio de campo preciso y sensible que combina geografía, observación humana, historias escuchadas durante sus viajes e inmersión en el corazón de una Amazonia todavía en gran parte desconocida para los europeos de su tiempo.
Incluso hoy, sus escritos fascinan: se encuentran entre los primeros documentos que describen la organización de los pueblos indígenas a lo largo del río, sus alianzas, sus movimientos, sus conocimientos. Fritz no lo comprendió todo —nadie podría—, pero observó, anotó y transcribió. Y estas notas abren la puerta a un mundo donde el río es un sustento, un mito viviente, un lugar de origen.
El Mapa Viviente del Marañón
Cuando Fritz se propuso cartografiar el río, este trabajo no era meramente técnico. En su dibujo, las curvas del Marañón parecen respirar. Es fácil entender por qué: este río, al que ahora llamamos El Amazonas (ver artículo sobre este río) es la arteria principal de miles de comunidades. Cada afluente es un camino, cada confluencia, un encuentro, cada orilla, una historia.
Fritz observa la diversidad lingüística, las diferencias de organización y las alianzas entre pueblos. No escribe sobre una Amazonia uniforme: describe un mosaico complejo, cambiante y vivo. Su obra es una de las primeras en demostrar que el río no es simplemente un escenario natural: es una civilización fluida. Y en el corazón de esta civilización fluyen historias y símbolos.
Cuando el mito se encuentra con la historia
Lo que hace que la obra de Fritz sea tan única es que se sitúa precisamente en este punto de intersección: el momento en el que un observador desde fuera nota lo que ve, lo que oye, lo que entiende... y lo que todavía no entiende.
Sus escritos no explican las leyendas: menciona sus ecos, percibe su presencia. Y esto es precisamente lo que hace a este texto tan rico: deja espacio para el misterio, para el simbolismo, para todo lo que no puede reducirse a un mapa.
El río que describe no es un dibujo en papel. Es un ser vivo, un espacio de historia, encuentros e historias. Un lugar donde nacen y se transmiten símbolos tan poderosos como las Icamiabas (leyenda de las Amazonas) o la muiraquitã (colgante protector) .
Su testimonio es sólo una puerta a un universo infinitamente más grande, donde cada pueblo tiene su propia visión, su propia memoria, sus propias historias.
Y ahí reside la belleza de este viaje literario: en el equilibrio entre lo que se puede medir y lo que se transmite a través del aliento de la narración.
El río nunca es solo un río. Es un mundo. Un mundo donde la historia de Samuel Fritz aún dialoga hoy con la leyenda de los Icamiabas y el recuerdo silencioso de la muiraquitã .
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